La Conquista de los Pueblos

21 de junio, 2021

La Conquista de los Pueblos

En esta nota abordaremos cuatro temas; el primero relacionado a la conquista del valle del Aconcagua; el segundo relacionado al urbanismo colonial; el tercero relacionado a la cosmovisión andina de los locales del Valle de Aconcagua; y un cuarto en que uniremos algunos cables sueltos relacionados al territorio urbano y su geografía.

El valle de Aconcagua y sus principales ciudades

Los centros poblacionales más antiguos del valle del río Aconcagua son Quillota, San Felipe y Los Andes. En esta zona se encontraba el fértil “valle de Chili” conocido por los Incas del Perú, y donde habitaban los “Quillotas”. El Inca Huayna Capac logra invadir estas tierras aproximadamente en el año 1485, tomando posesión de los valles del río Aconcagua y río Mapocho. Luego en 1536, durante la conquista española llega al valle de Quillota el soldado Diego de Almagro, quien había sido informado por los Incas de que allí existía un bello y exuberante reino con ciudades y riquezas. El gobernador y orejón Inca, Quilicanta, recibe amablemente a Almagro en el valle de Quillota para rendirle honores. En esos años Quillota había sido convertida en el centro administrativo de la provincia Incaica de Chile o “wamani de Chile”, territorio comprendido entre los ríos Choapa y Maipo. La bienvenida de Almagro fue motivo de rechazo por el lonko picunche, Michimalonko, que impuso un ambiente subversivo, obligando a Quilicanta y Almagro a huir del valle de Aconcagua, el último regresando a Perú.

Es interesante notar que el primer conquistador que llegó a Chile central fue directamente al valle de Quillota porque ahí estaban las riquezas y poblaciones informadas por los Incas. Cuatro años más tarde, en 1540, vuelve el siguiente conquistador español, el capitán Pedro de Valdivia, esta vez librando batalla contra Michimalonko, y luego también contra su hermano Tangalonko. Tras varios años y batallas logra tomar posición del territorio. Valdivia también llega directamente al Valle de Quillota, y estableció allí su casa-fuerte, posiblemente a los pies del cerro Mayaca (Malla = Huerta ; Ca = Alrededor) donde había un Pucara Inca, tomándose para uso personal estas ricas tierras y las cuales tenían una gran población a orillas del río Aconcagua (Figura 1), que fue prontamente reducida a encomiendas y pueblos de indios.

Figura 1. Cafa de Mifsion de Quillota 1646 “Los términos de efsa mifsión fon el Valle de Quillota (que es delos mas poblados del reyno) y el dela Ligua, y chuapa, donde ay muchas estancias y gente, el que se haze gran fruto

En 1585 la iglesia católica forma la doctrina de indios de Quillota, que más tarde daría origen a la parroquia San Martín de Tours, ubicada en el poniente de la plaza de armas de Quillota, siendo de las más antiguas de la colonia junto con el convento franciscano de Santa Rosa de Viterbo en Curimón. Al revisar los documentos de “Delineación y Mensura de la Villa de Quillota” junto con el acta de su fundación en 1717 (documentos que pasaron desapercibidos por más de 200 años), da la impresión que a comienzos del siglo XVIII se “refundó” una villa existente que se le dio el nombre de San Martín de la Concha y que se le agregó por orden del gobernador interino de Chile un cabildo, por lo que la “nueva” villa de Quillota pasó a ser parte del nuevo corregimiento de Quillota. El fraile Gaspar de Villarroel, Obispo de Santiago en 1637, da a conocer en un informe a Martín de Mujica, Capitán General y Gobernador de Chile en esos años, que dentro de las doctrinas de Choapa a Cauquenes existían más de cincuenta pueblos de Indios, dentro de los cuales nombraba Quillota, Mollaca y Aconcagua.

Figura 2. Mapa de Quillota, 1934.

No encontramos planos coloniales de Quillota, pero en este de 1934, se puede apreciar la estructura básica de damero de la ciudad (Figura 2).

A mediados del Siglo XVIII, en 1740, se supone que fue fundada la “Villa San Felipe el Real” en las cercanías a Curimón a petición del Rey Felipe V de España. Las Actas de fundación fueron firmadas en 1740 en el Convento Franciscano de Curimón. Sin embargo, existe un plano que data del siglo XVII (aprox. 1650; según www.memoriachilena.gob.cl, Sala Medina ; P 2-9) donde se ilustra el damero y plaza central de San Felipe perfectamente orientada hacia el norte (Figura 3). Nuevamente encontramos una controversia respecto a lo detallado en las actas de fundación y lo que probablemente existía en ese lugar antes de la fundación oficial. Es importante notar que la ciudad de San Felipe no está orientada al norte como ilustra el plano, sino que esta girada unos 16.5 grados al Este.

Figura 3. Plano de la Villa y Plaza San Felipe el Real, 1650.

Por último, A fines del siglo XVIII, en 1791, el gobernador Ambrosio O’Higgins firma en Santiago el decreto de fundación de la Villa Santa Rosa de los Andes a los pies del cerro Quicalcura (cerro de la virgen) en las riberas del río Aconcagua, en honor a  Santa Rosa de Viterbo, patrona del convento franciscano de Curimón (Figura 4).

Figura 4. Plano de la Villa de Santa Rosa de los Andes, 1792.

Las tres ciudades en las riberas del rio Aconcagua, fundadas “oficialmente” en el siglo XVIII, tienen una planificación urbana similar, a orillas de un río, con manzanas cuadradas de aproximadamente 120 metros de lado, con una plaza central y catedral o parroquia en su costado occidental, o norte en el caso de San Felipe. Ninguna de ellas orientada hacia el norte, aunque Quillota solo está girada unos 2.75 grados hacia el Este, Los Andes está girada 19.4 grados hacia el Este.

Estas tres ciudades del valle de Aconcagua, fueron donde los invasores españoles llegaron a encontrar el “reino de Chili” con sus grandes riquezas en oro y ciudades. ¿Fue un engaño intencional de los Incas darles ese “dato” a los españoles? O por alguna razón, lo que realmente estuvieron protegiendo los hermanos picunches de Michimalonko y Tagnalonko en el valle de Aconcagua fue algo más importante que riquezas, sino la culminación urbana del desarrollo de su cultura?

Urbanismo Colonial

El modelo de trazado que realizó la conquista Española en América fue el de “cuadrícula” o damero, propuesto por algunos autores como copia del campamento militar de Santa Fe, en Granada (1483-1492). La Corona Española establece para las nuevas ciudades en las indias una legislación urbanística, plasmada en un comienzo por la Real Cédula en 1513, luego por las Leyes de las Indias en 1573, las cuales establecían una obligatoriedad para los conquistadores sobre la planificación urbanística de las nuevas ciudades: “… el pueblo parezca ordenado. Así, en el lugar que se dejare para plaza como el lugar en que hobiere la iglesia, como en la orden que tovieren las calles. Por que en los lugares que de nuevo se hacen dando la orden en el comienzo, sin ningún trabajo ni costa quedan ordenados e los otros jamás se ordenan.” El módulo básico era 3×3 manzanas, de las cuales 6 eran para 48 casas con 300 personas; y las otras 3 manzanas para la plaza, la iglesia y el cabildo colonial (ayuntamiento). En el centro de este modelo, se establecía la plaza mayor o Plaza de Armas,  resaltada como centro geométrico y simbólico de la ciudad cuyas proporciones simétricas se aseguraban con el trazado a “cordel y regla”. Alrededor de la plaza se concentrarían la catedral o parroquia, la audiencia, el cabildo o palacio real. La construcción de la iglesia o catedral, según las leyes reales, debía hacerse en el costado oriental de la plaza de armas para que el altar se ubicara mirando hacia el Este por donde sale el sol. Los modelos de trazado fueron modificados en el tiempo, siendo el primero el de retícula, luego el de retícula ortogonal, y finalmente el modelo definitivo establecido de damero con manzanas cuadradas y calles derechas en orientación Norte a Sur, o Este a Oeste.

No obstante, Según Alan Durston en su artículo “Un Régimen Urbanístico en la América Hispánica Colonial”:

El problema de los orígenes históricos del damero ha producido una nutrida y conflictiva literatura, pero ahora es factible establecer con claridad los precedentes más directos y relevantes. Woodrow Borah clasifica las teorías acerca de la genealogía del damero en tres grupos: los que enfatizan la influencia de modelos indígenas precontacto; los que ven el damero como producto de un proceso de desarrollo independiente en el Nuevo Mundo, y los que señalan la influencia de modelos europeos clásicos y medievales

“Las primeras instrucciones detalladas datan de 1573, las famosas «Ordenanzas de población», de Felipe II, cuya importancia para el desarrollo morfológico en América se ha exagerado. La mayoría de las fundaciones importantes son anteriores, y el damero se había establecido como modelo unos cuarenta años antes de su emisión. Además, contradicen la práctica colonial en algunos puntos de importancia. Establecían que la iglesia no podía ubicarse en la plaza mayor, que la traza había de ser rectangular y no cuadrada, que las calles habían de partir de los centros de cada costado de la plaza, no de las esquinas. Al parecer, no hay casos de fundaciones de nuestro período que se ajusten a este modelo.

Seria falso decir que la legislación real no tuvo influencia alguna sobre el proceso de desarrollo del damero -tal vez impulsó a los primeros fundadores hacia la regularidad morfológica- pero su papel no fue central. La primera fundación con un modelo regular precede por una década a las primeras instrucciones, y los documentos que relatan el establecimiento de la traza de distintas fundaciones durante el período de formación del modelo no se refieren a una legislación morfológica. Claramente la adopción del damero como modelo universal y su implantación con tanto vigor no responde a una voluntad central.

Lo que ha de explicarse es un consenso «de base», en el terreno, acerca de principios morfológicos. Decenas de pueblos casi idénticos fueron fundados por grupos actuando independientemente, sin parámetros claros establecidos por una autoridad central, ni siquiera, como se verá, con una tradición explícita de principios morfológicos de amplia circulación. En las etapas posteriores del proceso urbanizador, tales parámetros fueron establecidos a nivel local para las reducciones, tiempo después de que el damero fue establecido como modelo «oficial».

Al parecer, el damero se desarrolló y se implementó como modelo sin conciencia de una tradición de precedentes o principios urbanísticos explícitos. Los problemas morfológicos no se discutían a nivel teórico en forma relevante al desarrollo real del modelo. En este sentido, Valerie Fraser propone la existencia de una «memoria cultural» implícita: it is as if the Spanish colonists were drawing on some sort of cultural memory, all inherited, almost instinctive knowledge. Under the special circumstances of America the sense of what was right and proper in architecture and town-planning comes to the surface to be transformed into physical reality.  Hardoy ha adoptado una interpretación similar, «el modelo clásico … fue el producto de un progresivo perfeccionamiento de conceptos sueltos que por primera vez fueron integralmente utilizados en América». La tarea, entonces, es aislar la tradición relevante que haya legado la «memoria cultural» urbanística de los españoles en América.

El urbanismo en América y los Andes no comienza con la llegada de los invasores españoles. Varias civilizaciones precolombinas lograron desarrollar extensas ciudades y planificaciones urbanas. En 1519, el mismo Hernán Cortés, se refirió con admiración sobre la gran capital Azteca de Tenochtitlan en sus cartas al rey de España. La describía como un gran recinto cuadrado con una gran calle que cruzaba el centro como eje de simetría (Figura 5).

Figura 5. (Arriba) Plano de Tenochtitlan enviado por Hernán Cortés al España en 1519. (Abajo) Plano de Cuzco impreso en 1550.

Además, en el resto de Andino América existen numerosas ciudades precolombinas donde la planificación, urbanismo y logros de ingeniería fueron claramente relevantes, y donde sus niveles de desarrollo llegaron a estadios comparables con el resto del mundo, e.g. las ciudades de Tical en Guatemala;  Cuzco (Figura 5), Caral y Machu Pichu en Perú; Tiwanaku en Bolivia, para nombrar solo algunas.

Según las ilustraciones del cronista amerindio, Felipe Guamán Poma de Ayala, a comienzos del 1600 sobre ciudades, pueblos y villas —probablemente muchas de ellas nunca visitó— todas ilustradas con una plaza cuadrada central (Figura 6), típica en su visión andina de la ciudad. Incluso, Guamán Poma describe algunas ciudades que no tienen plaza cuadrada como si la tuviera (el caso de Cartagena de indias).

Figura 6. Ilustraciones de ciudades y villas por Guaman Poma de Ayala, sirca 1615. De izquierda a derecha; Ciudad de Cartagena, Ciudad de Guayaquil, Ciudad de los reyes (Lima), Ciudad de Santiago de Chile, Villa de Cañete, Ciudad de Tucuman.

Según el Dr. Jean-Paul Deler en su artículo “La ciudad colonial andina en los ojos del Guamán Poma de Ayala”:

El lector que quiera encontrar en la serie de treinta y ocho “fichas urbanas” una representación propiamente geográfica de cada una de esas ciudades, sea bajo la forma de un plano o de un mapa apropiado, se verá seguramente decepcionado. Guaman Poma se preocupa poco de la geometría del damero urbano o de la regularidad del trazado ortogonal de las calles que los planos españoles de la época solían destacar. En efecto, esta geometría el plano colonial –que tampoco era completamente extraña al orden urbano prehispánico– no se encuentra explícitamente presentada más que una vez en la representación de Riobamba. Allí encontramos que la disposición de las construcciones, con excepción de la iglesia, parece proceder ante todo del modelo de organización de la kancha autóctona más que del modelo de la manzana urbana colonial con sus parcelas edificadas. Esta ausencia de referencias a la retícula de las vías urbanas podría llevar a creer que nos encontramos ante una repetición convencional, casi idéntica, de los elementos del modelo de la Ciudad Celestial. Pero hay que sobreponerse a esta apariencia, incluso admitiendo que las representaciones urbanas de Guaman Poma son ante todo arquetípicas.”

Para Guaman Poma, la continuidad entre las redes urbanas prehispánica y colonial es clara: “todas las ciudades y villas, aldeas fundadas por los reyes ingas, y después lo fundo Don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, capitanes y embajadores del señor rey emperador don Carlos, de la gloriosa memoria”. Sabemos que esta continuidad, significativa en el caso andino, no fue ni total ni absoluta. Ni total, porque los españoles fundaron muchas ciudades fuera del dominio territorial inca; ni absoluta, porque algunas ciudades indígenas fueron “refundadas” en otro emplazamiento. Sin embargo, afirmar la plena continuidad histórica y espacial era una necesidad simbólica en la perspectiva del cronista indígena.

Conociendo el plano urbano de las tres villas o pueblos en el valle del Aconcagua, es muy interesante hacer la comparación con otras villas tomadas por los españoles en Mesoamérica, pero de las cuales tenemos claridad de que fueron asentamientos prehispánicos, como es el caso de Bacum, Cocorit, Jaumave y Potam; todas “fundadas” en el mismo año 1617 por misiones jesuitas en el actual estado de Sonora (Figura 7).

Figura 7: Imagen satelital de los pueblos (que fueron prehispánico) de Bacum, Cocorit, Jaumave y Potam en México

Más Aún, si nos remontamos al comienzo de la conquista y vamos revisando la cronología de las ciudades fundadas por españoles junto con su trazado urbano podemos generar un panorama de los cambios del trazado urbano que llevaron a los conquistadores a “adoptar” el damero clásico.

En la Figura 8 hemos organizado los primeros años de la conquista Española –desde 1495 hasta 1552– en una secuencia de imágenes satelitales de los centros históricos de cada ciudad. Se indica el año de fundación, nombre de ciudad y país. Abajo de cada imagen se muestra un gráfico polar de la orientación de las calles de cada ciudad (Geoff Boeing at https://geoffboeing.com/2018/07/city-street-orientations-world, and https://mourner.github.io/road-orientation-map). La palabra “Prehispánica” abajo del gráfico indica que existe información sobre si había un pueblo o ciudad prehispánica en ese lugar.

Figura 8:  Secuencia de los primeros 60 años de fundaciones por los Españoles. Se indica el año de fundación, nombre del pueblo o ciudad, Pais, imagen satelital, gráfico polar de orientación de las calles, información existente sobre si había un pueblo o ciudad prehispánica en ese lugar.

A simple vista se aprecia una diferencia en la orientación de las calles de los pueblos y ciudades fundadas por los primeros españoles en America, y las que fueron conquistadas y luego refundadas por estos mismos.

Espíritus de las montañas

Dentro de la cosmología Andina, la cordillera, los cerros altos y volcanes en general, gozan de una especial importancia ideológica. Muchos estudios etnográficos y etnohistóricos han demostrado que las creencias y prácticas relacionadas a la veneración de las montañas de los Andes se remontan a siglos o milenios. También existen abundantes evidencias arqueológicas, en forma de santuarios, sacrificios y ofrendas a gran altura en cientos de altas montañas de los Andes.

Para las culturas del Ecuador, Perú y Bolivia los espíritus o divinidades tutelares, llamados Apus, residen en las Montañas nevadas y no solo se caracterizan por tener poderes sobrenaturales y las características de algunos antepasados, sino que también pueden ser aliados de la comunidad en torno al cual se construyen identidades comunitarias y supracomunitarias. Tienen influencia directa en los ciclos vitales y el clima, y controlan las aguas que provienen de las cumbres donde residen. En tanto para las culturas Mapuches de Chile y Argentina las altas montañas nevadas, y en particular las cumbres de los volcanes, son la morada del Pillán (Pillañ) o espíritu tutelar con poderes sobrenaturales que representan a los antepasados de su pueblo.

El Pillán es representado tanto como los espíritus originarios de la humanidad, pero también como antiguos individuos de la comunidad que lograron transcender y habitar las montañas en forma de espíritu. 

Es muy curiosa la similitud entre los Apus y los Pillanes como espíritus de las montañas y su conexión entre la cultura/pueblo y su geografía. Las culturas Andinas tienen una fuerte identidad arraigada en la tierra y su geografía, unión de suma importancia que conduce a lo sagrado mediante ritos permanentes a la pachamama. Esta íntima relación con los espíritus de la naturaleza y los antepasados, conectan el mundo espiritual de las culturas Andinas con el mundo natural y físico, generando una constante y leal defensa del territorio habitado.

Diagonales Extendidas

Sin duda Chile es un país de volcanes, sin embargo existe una extensa área de aproximadamente 700 km de longitud donde “desaparecen los volcanes” entre el Nevado Ojos del Salado en la Región de Atacama, y luego vuelven a aparecer con el volcán Tupungatito en la RM. Dentro de esta región, se podría discutir que el volcán más importante (de los tres existentes) en términos geomorfológicos es el complejo Caldera Diamante-Volcán Maipo.

Por lo tanto, podría argumentarse que el Pillán más importante de la zona central es el que reside en la cumbre del volcán Maipo.

Si extendemos una línea recta desde esta cumbre, hasta las Plazas de Armas de Quillota, San Felipe y Los Andes, podemos observar que las diagonales de las tres plazas están alineadas con la cumbre de este Pillán (Figuras 9-12).

Figura 9. Mapa SIG indicando la relación geográfica entre el Volcán Maipo y las principales ciudades del Valle de Aconcagua.
Figura 10. Ilustración en SIG mostrando el alineamiento entre la plaza de Quillota y el Volcán Maipo.
Figura 11. Ilustración en SIG mostrando el alineamiento entre la plaza de San Felipe y el Volcán Maipo.
Figura 12. Ilustración en SIG mostrando el alineamiento entre la plaza de Los Andes y el Volcán Maipo.

¿Cómo es posible que tres ciudades a orillas del río Aconcagua, fundadas (o refundadas) en distintos momentos por Españoles, estén alineadas con el Pillán más importante e imponente de la región central de Chile? ¿Estaremos frente a un sincretismo oculto en el cual la mano de obra local que construyó las ciudades impuso su conocimiento científico ancestral para lograr posicionar las ciudades en forma alineada con su Pillán? ¿Cuáles son las posibilidades de que este fenómeno sea una mera casualidad?

¿Por qué los Incas, previo a la llegada de los españoles, escogieron el valle de Quillota como sede administrativa? ¿Por qué Pedro de Valdivia tomó posesión personal de estas mismas tierras? ¿Por qué los españoles no siguieron las Leyes de las Indias al construir y fundar las nuevas ciudades?

¿Cómo se logró determinar la posición de la cumbre del Pillán más importante a casi 200 km de distancia sin tener una vista directa? ¿Acaso las culturas andinas tenían conocimiento geográfico y la capacidad de hacer cálculos geodésicos mediante triangulación estelar o gnomónica?

La hipótesis presentada en estas notas propone la posibilidad de que estas tres ciudades a orillas del río Aconcagua tienen un origen prehispánico, hipótesis que puede ser fácilmente puesta a prueba mediante trabajos de arqueología convencional en cada una de las plazas centrales y manzanas aledañas.

4 Comentarios

  1. Andrés Pérez

    Gracias por el increíble trabajo

  2. Gonzalo Toro

    Muy agradecido estoy de la información que acabo de leer. Es muy apasionante. Vivo a los pies del cerro Mauco y cuando lo subo, siempre miro el valle hacia adentro y pienso en los vecinos antiguos que tuvimos.

  3. Gian

    Buena redacción y síntesis de la información. Muchas gracias.

  4. Gaspar Fouré

    Interesante columna e hipótesis de investigación.

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